El Banco de Japón mantuvo su tasa de referencia a corto plazo en el 0,5% en septiembre de 2025, conservando los costes de financiación en su nivel más alto desde 2008 y en línea con el consenso. La decisión, aprobada por 7 votos a favor y 2 en contra, se produjo en un contexto de riesgos vinculados a la situación política de Japón y al impacto de los aranceles de EE. UU., y tras el primer recorte de tipos de la Reserva Federal estadounidense desde diciembre.
En la misma reunión, el BoJ anunció que comenzará a vender sus participaciones en fondos cotizados (ETF) por unos 330.000 millones de yenes anuales y en fondos de inversión inmobiliaria (J-REIT) por alrededor de 5.000 millones de yenes, lo que señala nuevos pasos hacia la normalización de la política monetaria.
El consejo consideró que la economía japonesa se ha recuperado de forma moderada a pesar de ciertas debilidades. El consumo privado estuvo respaldado por la mejora del empleo y de las rentas, aunque el sentimiento se debilitó, mientras que las exportaciones y la producción industrial permanecieron contenidas. La inflación se situó entre el 2,5% y el 3,0%, impulsada principalmente por los precios de los alimentos, especialmente el arroz, mientras que las expectativas de inflación repuntaron ligeramente y se prevé que el IPC subyacente aumente gradualmente.





